Los injertos óseos dentales se utilizan para regenerar tejido óseo perdido, ya sea por infecciones, extracciones antiguas o enfermedades periodontales. Su objetivo principal es crear un soporte adecuado para la colocación de implantes.
Existen distintos tipos de injertos: autógenos (del mismo paciente), aloinjertos (de banco), xenoinjertos (de origen animal) y materiales sintéticos. La elección dependerá del caso clínico y la preferencia del especialista.

El postoperatorio incluye control del dolor, antibióticos profilácticos y seguimiento radiográfico para evaluar la regeneración ósea. La integración exitosa del injerto permite realizar tratamientos restauradores complejos con mayor seguridad.
